15 de Septiembre del 2007 — Personal, Viajes
Realmente esto casi fue medio día en Amsterdam, hoy tocaba volver a Santiago de Compostela, y nuestro periplo por Holanda llegaba a su fin. Tal y como teníamos planeado, hoy se iba a dedicar principalmente a compras. Yo quería comprar un libro, y algunos regalos para mi familia, mientras que mi compañero de viajes quería también mirar un par de detalles para la suya.
La primera parada fue la librería -sí, ya sé que no es ninguna sorpresa para vosotros- donde pillé otro libro de Fforde, no me acuerdo cual de ellos. De allí nos marchamos directamente a una tienda de juegos de mesa, mirando diversas cosas para regalar.
Después de un cafecito de descanso, nos dirigimos a un mercado de plantas. Había de todo, desde tulipanes hasta kits completos para empezar a plantar tu propia marihuana en casa. También fue la primera vez que vi plantas carnívoras, con el tamaño de los insectos y arácnidos de Holanda, tienen de comer de sobra. Después de comprar unos bulbos de tulipán y un par de regalos más, toco el turno de dirigirnos al hotel, parando para comer algo rápido por el camino y pillar de paso un bocadillo para la cena en Barajas.
En el hotel recogimos las maletas que nos tenían guardadas después de hacer el check-out. Directos a la estación donde pillamos el tren directos al aeropuerto. Casi nos pasamos de estación, debimos pillar el tren más rápido de todos, en la ida paramos en varias estaciones antes de llegar a Amsterdam Central, a la vuelta el viaje fue directo.
Y aquí fue donde paso la única anécdota del viaje de vuelta. Después de un larga cola para facturar, pasar el control de seguridad, nos enteramos de que nuestro vuelo sale con una hora de retraso. No teníamos mucho problema dado que había un margen amplio entre la llegada a Barajas y la salida de nuestro vuelo a Santiago de Compostela.
De noche llegamos a Santiago en el horario previsto, donde cogí el coche para ir a rescatar mi maravilloso teclado de las manos de pjorge, el pobre me echaba de menos ;-)
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13 de Septiembre del 2007 — Personal, Viajes
El último jueves de agosto era el último día completo que íbamos a pasar en Amsterdam y teníamos la intención de tomarnos las cosas de forma muy relajada. Nuestros planes fracasaron, probablemente caminamos tanto como casi cualquiera de los otros días que estuvimos en la ciudad.
Nuestra intención era ir a visitar por la mañana el Rijksmuseum que incluye parte de la obra de Rembrandt. Pero antes de ir hasta allí, paramos en The American Library donde me compré el libro First Among Sequels de Jasper Fforde, con el cual cargaríamos el resto del día -sí, hubiese sido mejor hacer al revés…
El Rijksmuseum estaba bastante lleno de gente, básicamente había que hacer cola para ver cada una de las obras allí expuestas. Había principalmente pinturas, alguna muestra de trabajos en cristal y metal, algún que otro mueble y casas de muñecas -armarios de muñecas mejor dicho, había que usar una escalera para poder ver la planta superior de la casa.
Cuando terminamos de ver el museo ya era la hora de comer, tomamos un bocadillo en el mismo parque que había en frente al mismo, de forma bastante relajada y con un cafecito después. Para la tarde teníamos planeado visitar el Voldempark y teniendo en cuenta el tamaño que parecía que tenía en el mapa, era mejor ir con fuerzas suficientes.
El Voldempark es el sitio ideal para que todo holandés se vaya a relajar de la vida ajetreada de al ciudad. El parque es enorme, con lagos, jardines, zonas para andar en bici, correr… cualquier actividad al aire libre que se te pueda ocurrir. También tenían un anfiteatro en el medio del mismo.
Una vez visitado el parque ya era media tarde y no teníamos muy claro que queríamos hacer para matar el resto del día. Como estábamos al lado de un punto donde se alquilaban pedaletes para andar por los canales, pensamos que sería buena idea pillar uno y dar una vuelta. Antes de eso, nos tomamos otro café mientras veíamos una partida en un ajedrez gigante.
Como mañana tocaba marchar, yo había pensado en pillar unos bulbos de tulipanes para mi familia en forma de regalo. Nos acercamos a lo que la guía indicaba que era el mercado de tulipanes pero llegamos tarde, por unos meses simplemente. Cerca de este mercado la guía también indicaba una buena heladería. Una buena dosis de helado era justamente lo que nos hacía falta para emprender el camino al hotel, dejar las cosas y irnos a cenar al restaurante que teníamos escogido.
De camino al restaurante, pasamos por el medio del campus de la Universidad de Amsterdam que debían estar celebrando el comienzo del curso o algo así, estaba llenísimo de gente, gente dando discurso, fiestas de estudiantes por todos los lados…
Para la cena toco comida tailandesa, aunque no estuvo mal, nos gustó más la indonesia del día anterior. Después de la cena un paseo por el ambiente nocturno y de vuelta al hotel. Mañana tocaba hacer las maletas.
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11 de Septiembre del 2007 — Personal, Viajes
Después de la paliza del día anterior con las bicis, hoy tocaba algo más relajado. Los amigos de mi compañero de viaje querían visitar un par de pueblos a los alrededores de Amsterdam. Decidimos comprar un ticket de 10 euros que permitía a dos personas usar durante un día el servicio de autobuses todas las veces que quisiera. A las 10 de la mañana ya estábamos de camino a Edam.
Edam es un pueblo tranquilo compuesto básicamente de casas unifamiliares y muchas zonas verdes, ideal para vivir relajadamente. Estaban en fiestas cuando los visitamos, toda la ciudad adornada con banderas y figuritas representando la vida anterior del pueblo.
En el puesto de información turística decían que había un museo del queso. Realmente más que un museo era una tienda de quesos que mostraba los diversos utensilios que existen para su fabricación.
Se acercaba la hora de comer, así que toco coger el bus hacia nuestra siguiente parada Volendam. Nada más llegar nos encontramos con la oficina de turismo que al contrario de que en Edam, daban de regalo el mapa del pueblo. Nos fijamos que la zona del puerto venía marcada con una gran cantidad de restaurantes, y hacía allí nos fuimos a comer.
Voledam es un pueblo mucho más turístico, tiene un ferry que comunica con Marken y el puerto estaba lleno de tiendas de recuerdos. Una vez comidos toco el turno de ir hasta la fabrica de quesos de la ciudad, maravillándonos por el camino con el gran tamaño de las arañas que tienen en Holanda, no sé que les dan de comer por allí…
La fabrica de quesos quedaba mucho más lejos de lo que parecía en el mapa y al final nos quedamos a mitad de camino en un típico molino holandés. Este debía funcionar por un sistema híbrido, dado que además de las aspas de viento, tenía una pequeña presa de agua a uno de sus lados y un canal que pasaba por su centro.
Ya a media tarde nos dirigimos a Monnickendam, otro pueblo costero. Este viaje fue un pelín accidentado, dado que nos pasamos de la parada y tuvimos que dar media vuelta. Monnickendam no tenía mucho que ver, tenía pinta de ser una ciudad cama de Amsterdam, con un buen puerto lleno de embarcaciones de recreo privadas, muchas de ellas haciendo de casas.
Ya de vuelta en Amsterdam, se acercaba la hora cenar. Mientras los amigos de mi amigo de viaje se marchaban a su hotel para recoger las maletas y volverse para casa, nosotros empezamos a buscar un sitio donde comer. Al final tocó una comida ligera de menú de degustación en un restaurante indonesio de solamente 11 platos, para ir abriendo boca ;-).
Una vez bien cenados, y conscientes de que con todo eso en el estómago no íbamos a quedarnos dormidos en un rato, dimos un paseo disfrutando del ambiente nocturno de Amsterdam.
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8 de Septiembre del 2007 — Personal, Viajes
El último martes de Agosto nos levantamos a las 8 de la mañana, como venía siendo habitual en nuestra pequeña estancia en Amsterdam. Para hoy teníamos planeado dar una vuelta en bicicleta hasta los pueblos vecinos viendo lo diques.
Una vez bien desayunados y después de pillar unos bocatas, bebidas y postre para el camino, nos fuimos a alquilar las bicicletas. El primer sitio donde probamos ponía que se alquilaban en la recepción del hotel que tenían en frente, después de esperar varios minutos y ser atendidos por dos personas diferentes nos dirigieron a otro local. Como no localizamos ese local, decidimos ir al siguiente sitio de alquiler de bicicletas que conocíamos en Amsterdam y no perder más el tiempo.
En Orange Bike alquilamos dos tourbikes, que básicamente eran dos bicis normales con cambio de 3 marchas, ideales para poder desplazarse por un terreno casi plano con cierta velocidad. Una vez pagado el alquiler, nos toco dirigirnos a pillar el Ferry para ir al otro lado del canal IJ.
Seguíamos las indicaciones de la guía para movernos por Amsterdam, las cuales eran un poco vagas, por lo que hicimos lo lógico en este caso, nos perdimos. Hubo que volver a coger el GPS para localizar el camino correcto.
Una vez que camino, tocó ir por encima del dique desde Amsterdam hasta Uitdam. Ir por encima del dique impresionaba un poco, dado que era evidente que el mar estaba bastante más alto que la tierra que teníamos a nuestro izquierda. Como les suba la marea se les va media Holanda.
Cerca de la 13:30 llegamos al dique-puente que unía la isla de Marken con Uitdam (isla por algún tiempo, dado que le estaban haciendo otro dique para unirlo por el otro lado y ganar más terreno al mar). Allí había un pequeño campo con mesas para comer y descansamos un rato mientras dimos cuenta de nuestros bocadillos. También nos fijamos en el enorme tamaño de las arañas holandesas con respecto a las de Galicia, les deben vitaminas o algo así…
Después de descansar un ratillo cogimos de nuevo las bicis para ir hasta Marken. Mi compañero tuvo un pequeño problema técnico con la bici, pero un amable holandés nos presto una llave inglesa para poder arreglarlo y continuar nuestro viaje sin problemas.
El camino de vuelta lo hicimos a través de las waterlands, fincas separadas por gran cantidad de pequeño canales que tenían ocas y patos. Supongo que cuando llueve la mitad del terreno se inunda. Gran cantidad de vacas y ovejas en esas fincas.
Desplazarse por esos sitios era fácil, dado que todos los carriles bici estaban bastante bien señalizados. Los problemas vinieron cuando nos acercamos a Amsterdam de nuevo. Los carteles desaparecían y se hacía difícil encontrar el camino hasta en embarcadero de los ferrys para tomar el camino de vuelta a nuestro hotel. El GPS volvió a sacarnos del apuro.
Una vez devueltas las bicicletas, ya eran las 6 de la tarde. De vuelta al hotel para ducharnos y descansar un rato paramos en un par de tiendas. Curiosamente terminé comprando 3 libros más de Haruki Murakami, lo sé, soy una persona débil.
Mi compañero tenía la cena del congreso así que me dejo solo, me dediqué a pasear un rato, sacar alguna que otra foto nocturna. Cuando terminaron la cena me reuní con ellos para ir a tomar algo por Amsterdam antes de regresar al hotel para dormir y comenzar temprano el día siguiente.
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6 de Septiembre del 2007 — Personal, Viajes
Menos mal que anoté las cosas que hacía por Amsterdam en mi Moleskine de viajes, sino, recordar el día a día de esta forma iba a ser difícil.
Después de no pasar un buena noche (mis tripas me dieron la lata), nos levantamos a las 8 de la mañana para tomar el desayuno del hotel (la habitación venía con el desayuno incluido, ya sabéis, son estos casos en los que tomas más tostadas y croissants de los que tomarías habitualmente si los tuvieses que pagar uno a uno). Mi compañero de viajes tenía esta mañana su pequeña presentación en el congreso en él que participaba. Así que yo le dije hasta luego, y me fui a visitar el Museo de Van Gogh.
Este museo estaba un pelín apartado de nuestro hotel, unos 30 a 40 minutos de caminata. A mí me llevó mucho más tiempo por que fui con mucha calma, parándome a mirar cualquier cosa curiosa. Aquí fue donde comenzó la perdición para mi cartera, me paré en una librería, y me compré Norwegian Wood de Haruki Murakami, este sería el primero de bastantes más que vendrían a lo largo de los siguiente días, si es que no se me puede dejar suelto. Antes de llegar al museo te encuentras con el típico barrio residencial, donde cada una de las casas es una tienda especializada en el corte de diamantes.
Una vez en el museo, y previo pago de 10 euros para poder entrar en él, me encontré con que estaba abarrotado de gente. El museo me gustó bastante, con una gran parte de las obras del pintor y de varios de sus seguidores. En cada panel te contaban la historia del cuadro y momento de la vida en qué el artista lo pintó. A la salida del mismo, y después de comprar unos cuantos recuerdos para unos amigos, me fui hasta el hotel para encontrarme con mi compañero de viaje y continuar la visita turística con él por la tarde.
Para la tarde volvemos a empezar a recorrer calles, de nuevo una visita a una librería (¡libros de Murakami a 3×2!), y como algo novedoso, una visita juguetería que mi compañero quería pillarle algo a su hijo. Cuando ya estábamos cerca de la zona de los museos, decidimos alquilar una barca a pedales para recorrer los canales de Amsterdam. La pillamos durante una hora, y la experiencia resultó bastante agradable, excepto por algún que otro barco que pasaba a toda pastilla a nuestro lado.
Una vez terminada la vuelta en barca (que dejamos al lado de la casa de Anna Frank) tuvimos nuestro primer contratiempo, nos perdimos, pero bien perdidos (yo sospecho que, dado que me estaba meando, mi inconsciente me llevó al baño público más cercano, eso sí, en la otra punta de la ciudad). Cuando ya habíamos dado bastantes vueltas en círculos por barrios residenciales decidimos que teníamos que usar la fuerza bruta. Conectamos el gps del móvil. Después de averiguar como se calculaba una ruta conseguimos llegar de vuelta hasta la zona turística de la ciudad y conocida por nosotros. De paso nos encontramos un supermercado y optamos por comprar varios botellines de agua, que en el hotel el bote de 33c.l. estaba a 1,80 euros, ¡una ganga!
Quedamos a las 20:30 en la plaza del Palacio Real con unos amigos de mi compañero de viajes que también asistían al congreso. Ya eran horas de cenar, así que nos fuimos a un restaurante Argentino, no es que fuese ninguna maravilla.
Una vez cenados, tocaba decidir a donde ir. Tocó el Barrio Rojo. Una cosa me quedó clara, no sé si las chicas consiguen hacer mucho dinero, por que aquello era más una atracción turística que otra cosa, familias enteras viendo los escaparates de las chicas “ligeras de ropa,” excursiones enteras de personas de la tercera edad. Según ponía la guía, también en pocos escaparates había chicos, nosotros no los encontramos por ningún lado. Obviamente de esta zona no saqué una foto, según nos habían dicho, sacar fotos en el Barrio Rojo puede ser “perjudicial para tu salud”.
Después de otro paseo nocturno por la ciudad, sacando alguna que otra foto, llego el momento de marcharse para el hotel y esperar a que llegase el día siguiente, con nuestro proyecto de alquilar unas bicicletas.
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4 de Septiembre del 2007 — Personal, Viajes
El día 26 de Agosto me tocó levantarme temprano para empezar disfrutar de mi último viaje antes de que se terminasen las vacaciones, me iba a pasar 5 días a Amsterdam. A las 7:30 de la mañana salía nuestro vuelo para Madrid donde tendríamos que pillar un enlace en la Terminal 4 de Barajas para ir hasta el aeropuerto de Amsterdam.
El viaje hasta allí fue sin incidentes. Tuvimos que pasar unos cuatro horas aburridillas en la Terminal 4, mirando tiendas y comiendo algo. No me perdieron la maleta, cosa que ya me pasó dos veces (de esta vez el equipaje de mano iba bien preparado para sobrevivir sin necesidad de ir a comprar ropa, yo es que ya no me fío)
Al final llegamos a Amsterdam a las 15:45. Después de pillar el tren del aeropuerto a la ciudad, unos 20 minutos de viaje, llegamos a la Central Station, que se encuentra a 5 minutos de lo que fue nuestro hotel, el Amstel Botel. Mirando por fuera el hotel parece que es una gran barcaza reconvertida precisamente para ser hotel. La verdad es que dada la forma de su casco, no tiene pinta de que navegase mucho antes de ser anclado en su posición actual.
La habitación era pequeña, y el baño enanísimo. De todas formas la cama resultó cómoda, y las vistas al canal no estaban nada mal. También estaba bastante bien colocado para explorar la ciudad, tal vez un poco apartado de los museos, pero no se puede tener todo.
Como es habitual en mí, una vez dejadas las cosas en el hotel nos dedicamos a recorrer la ciudad, un poco al azar, aventurándonos por la primera calle que nos encontramos. Nos metimos por lo que debía ser un barrio chino en la ciudad, lleno de tiendas que iban desde el típico restaurante, pasando por tatuajes, recuerdos, masajes… también pasamos por un barrio gay, cada bar ondeaba la bandera multicolor.
Como habíamos comido poco nos entró el hambre y decidimos ver algunos de los lugares que recomendaba la guía que me había comprado, que por cierto, quedé con un mal sabor de boca de ella. El restaurante que recomendaban estaba cerrado, pero por casualidad quedaba al lado de una tienda dedicada a juegos de mesa y rol, a la cual echamos un vistazo.
Mi compañero de viaje tenía que pasarse a inscribirse en el congreso en el que tenía que participar el lunes. Mientras él se inscribía, yo disfruté un ratillo de la wifi gratis para mirar por encima mi correo.
Ya se acercaba la hora de cenar, chequeamos de nuevo la guía para ver donde podíamos cenar. Había un restaurante italiano cerca de donde estábamos. Nos costó un pelin llegar hasta él, por qué, o el mapa de la guía estaba mal, o en los dos años que habían pasado desde su publicación, los holandeses ya le habían ganado otra porción de terreno al mar, lo cual no es extraño.
La comida del restaurante italiano no estaba mal, pero aquí aprendimos nuestra primera lección. Aunque los precios de la comida te parezcan bien, mira también los precios de la bebida. Curiosamente el precio de las bebidas bajaba exponencialmente mientras te alejabas del centro de la ciudad, son las cosas que tienen de comprar y vivir en la parte turística.
Ya se hacía tarde y habíamos dormido poco, así que tocó una retirada al hotel. De esta primer medio día por la ciudad me sorprendió la gran cantidad de bicicletas que había. Según la Wikipedia hay más de 700.000 bicicletas en la ciudad, y al segundo día ya aprendías a apartarte rápidamente cuando escuchabas el timbre de una. Teniendo en cuenta lo plana que es la ciudad, realmente la bicicleta resulta un medio de transporte ideal, sobretodo por que las calles sin carril bici, tanto en la ciudad como fuera de ella son la excepción. Por otro lado, estando la hora de parking en el centro de la ciudad a unos 5 euros, también debía ayudar bastante a usar la bicicleta.
Pasado mañana os cuento lo que hice el segundo día…
31 de Agosto del 2007 — Personal, Viajes
Ya estoy de vuelta de Amsterdam… más de 40 comentarios por moderar… miles de entradas en otros blogs por leer… cinco días de aventuras que contar aquí… una pila de más de 20 libros por decir que los compré, me los dieron o prestaron… si es que uno deja el blog por unos días y las cosas se acumulan.
26 de Agosto del 2007 — Personal, Viajes
Ahora mismo, y si no me pase de listo cuando escribí esta entrada por adelantado, estoy de camino a Amsterdam para pasar los últimos días de mis vacaciones antes de volver al trabajo.
Estaré allí hasta el viernes, y no creo que vigile mucho el blog durante mi estancia (exceptuando algún punto de acceso libre que me encuentre con mi móvil). Para que no echéis de menos he dejado unas cuantas entradas programadas. Ser buen@s en los comentarios mientras tanto…
A la vuelta, ya os contaré mis aventuras por allí.