Siento tener que ser así de crítico, pero Doctor Who The Movie es lo peor de Doctor Who que he visto hasta el momento, y la mejor forma de describirlo es demasiado película estado unidense.
Realmente viendo los primeros minutos, la película promete, el Doctor lleva en la TARDIS los restos de un Time Lord de vuelta a su planeta natal. Un Time Lord al que se le ha ido la olla y estaba intentando superar las 13 posibles resurrecciones. Vamos, hacerle más trampas aún a la muerte.
Como es de esperar en todas estas circunstancias, el muerto no está tan muerto como parece, y lo que queda de él se pone a jugar con los circuitos de la TARDIS. Lo cual provoca que esta última tenga que realizar un aterrizaje de emergencia en el San Francisco del año 1999. Y aquí es cuando el Doctor Who deja de ser el Doctor Who y se convierte en una película hollywoodiense llena de tópicos y más tópicos.
Una médico que ayudará al Doctor convirtiéndose en su acompañante y haciendo entre los dos hasta la saciedad el chiste de “Después de usted Doctor… ” o cuando el Doctor dice algo extraño, para escapar de lo incómodo de la situación con “Es que es británico…”. Y por otro lado el malo, que es de estos malos malosos, que una vez toma posesión de un cuerpo humano, va vestido por ahÌ con gafas de sol y chupa de cuero. Y el actor intentando dar aire de Terminator al personaje haciendo comentarios “graciosos” sobre lo que encuentra de extraño de la cultura humana, mientras busca por San Francisco a Sarah Con… digo al Doctor.
Y cuando pensaba que la película no iba a mejorar nunca, hacia su final, terminando de la forma previsible con el Doctor matando bien muerto al Time Lord loco, mejora un poco con el hecho de que los otros dos protagonistas mueren quedando el Doctor únicamente con vida y con la cara de aquí estoy solo de nuevo. Pero nada, la TARDIS mostrando una compasión de la que nunca antes se ha visto en toda la saga, decide devolverles la vida a los personajes para que los americanos pudiesen tener su final feliz.
Una cosa me ha quedado clara, es mejor dejar al Doctor Who a los británicos.
Nunca me han gustado mucho los teclados de membrana, y mucho menos los baratos que tienen un tacto horrible. Como me paso bastantes horas delante de un ordenador, tecleando, siempre me han gustado bastante los teclados mecánicos. Aunque últimamente me están gustando bastante los teclados de los Macbook Pro de Apple, básicamente llevo casi un año escribiendo casi exclusivamente en uno de ellos. Pero desde luego, creo que ningún teclado es tan impresionante como este que se han construido a mano. Me encanta el detalle de que las teclas de función vengan marcadas en números romanos.
Llevaba algún tiempo con la mosca detrás de la oreja con todo lo que estaba oyendo de entrevistas de distintos miembros de la SGAE y las múltiples afirmaciones que hacían con las que no estaba, para nada, de acuerdo. Pensaba hacer un post, pero como estoy un poco vago, os enlazo este otro de Halón Disparado: Teddy y el afectado por una discapacidad en una de sus extremidades inferiores que más o menos viene a decir varias cosas que yo pienso.
Es curioso como pasan las cosas, tenía por casa esta novela, La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón, la cual había conseguido por qué venía de regalo con otra cosas que había comprado. De la novela no había oído hablar nada de ella y estaba cogiendo polvo en mi pila de libros por leer. En el cumpleaños de una amiga, me comentó que la había leído y le había gustado mucho. Otro chico en la fiesta también me lo comentó, por lo que decidí empezar a leerla. Y, ahora, mientras la leía, otros dos amigos me hacen referencias a ella.
Vayamos a la novela y dejemos de lado las curiosidades de la vida. Hay que decir que el señor Ruiz Zafón sabe escribir de una forma que te incita a leer línea tras línea. Te crea una imagen muy visual de lo que esta pasando en cada momento, eso sí, sin ser sobrecargante como en algunos libros que te describen una a una todas las hierbecillas que había en un jardín. Particularmente, es realmente realista la imagen de la Barcelona después de la guerra civil española.
La Sombra del Viento es una tragedia, un clásico de amores prohibidos mezclado con una trama de misterio alrededor de un libro desconocido y un autor esquivo. Todo esto contado a través de un, al principio, niño, que poco a poco vemos creciendo hasta que llega a la adolescencia. Por supuesto, vamos viendo por la típicas etapas que pasa un niño a su edad, con la salvedad de su intento por descifrar el misterio detrás de la novela La Sombra del Viento y su autor Julián Carax. De entre todo los personajes, el que más me gustó fue el de Fermín, un vagabundo que consigue escapar de la miseria, y el cuál no para de soltar verdades sobre el régimen franquista y la vida en general, a quién quiera y a quién no escucharlas.
De la contraportada
En medio de las oscuras sombras que se han apoderado de la Barcelona de la posguerra, el joven Daniel Sempere busca el rastro de Julián Carax, un autor naufragado en el olvido por el que se siente fascinado. De su obra subsiste un único ejemplar de la novela La Sombra del Viento; el resto ha sido sistemáticamente destruido, devorado por el laberinto de la historia.
En 1945, Daniel, un niño de diez años, camina de la mano de su padre, el librero Sempere, para visitar El Cementerio de los Libros Olvidados, un rincón secreto perdido entre los recovecos sombríos de la Barcelona vieja. En el laberinto de estantes cargados de libros de toda índole y género se agazapa el misterio de la inconcluso, obras y autores víctimas de frágil y huidiza memoria, pasto del fracaso. Hay una regla no escrita según la cual en la primera visita, el recién llegado debe escoger un libro para rescatarlo y protegerlo de la desmemoria. Daniel escoge un volumen que lleva por título La Sombra del Viento, firmado por un autor desconocido, un tal Julián Carax.
Sólo algunos libros son capaces de producir esa fascinación inexplicable que se apodera por siempre de una parte de nuestra vida, una comunión febril e intransferible entre autor y lector. Durante ocho años Daniel llevará a caba una incansable búsqueda de Julián Carax, escritor de vida evanescente, desaparecido el triste verano del 36. La sombra de Carax llevará al joven Sempere a resucitar un pasado peligroso, una trama de amores desgraciados, odios y venganzas inmisericordes y verdades jamás desveladas, en la que asoman inquietantes similitudes con la propia existencia de Daniel. Equívocos recovecos llenos de las miserias de al guerra, amores truncados, fatalidad y muerte, donde la pasión por la literatura ejerce de mágico anfitrión.
A través de OS X Daily me entero de cinco combinaciones de teclas y ratón que realizan efectos visuales curiosos y puede que útiles en Mac OS X. En particular, me ha hecho gracia el de pulsar la tecla Ctrl y usar la ruedecita del ratón para hacer zoom en la pantalla. Creo que puede resultar útil en presentaciones, sobretodo cuando estas intentando explicar el manejo de algún programa que siempre queda pequeño en la pantalla de un proyector.
Ya hace media semana que tengo el HUB-USB en forma de TARDIS en mis manos, y como había prometido en su momento aquí tenéis mis comentarios. El TARDIS viene en una caja de cartón con un frontal de plástico para poder observarlo antes de comprar, y la verdad es que es un pelín más grande de lo que pensaba en un principio.
Una vez abierto, dentro venía con un manual de instrucciones y un transformado de corriente para alimentarlo. El único problema es que, debido a que es un producto pensado para el Reino Unido, el transformado no tiene el enchufe típico europeo. De todas formas, si enchufas pendrives o cualquier otro dispositivo que no requiere mucha corriente, el hub funciona sin problemas.
El hub tiene cuatro puertos usb en dos de sus laterales, y no me convenció mucho que el cable alargador usb fuese fijo, sin posibilidad de poder cambiarlo a otro que se adapte, en longitud, a las necesidades de uno. Aquí os dejo con un vídeo de su funcionamiento, ya sea pulsando el botón de demo o enchufando un dispositivo usb (en este caso, un lector de tarjetas SD).
Tercer y último libro de la primera parte del Ciclo Barroco de Stephenson. En Odalisca terminan muchos arcos abiertos en los dos primeros libros y se abren otro muchos más que se continuarán en los dos volúmenes siguientes de la saga.
Por un lado tenemos al pobre del puritano Daniel Waterhouse, en medio de una corte real inglesa que mira con buenos ojos al catolicismo de la corte real francesa. A una Eliza que intenta ayudar a cambiar las cosas en Inglaterra ayudando Guillermo de Orange y mientras tanto maquinando con Leibniz para conseguir más dinero en un sistema capitalista incipiente. Dinero que ella misma no duraría en gastarlo si eso terminase con el esclavismo. Y es que este libro gira casi exclusivamente entorno a esos personajes, con otros apareciendo en el medio, sencillamente por que se cruzan en el camino de ellos.
Como ya había escuchado relatos de la historia de otros amigos antes de leerla, especialmente de Pedro, pues la mayor parte de la lectura del libro me la dediqué a esperar el momento en que le extirpaban la piedra de la vejiga a Daniel. Una de las pocas operaciones que se hacían con “relativo” éxito en aquella época donde los doctores eran más matasanos que otra cosa.
En este libro, Stephenson sigue colocando a sus personajes ficticios en medio de personajes reales, y como dije anteriormente, con tal maestría que se le hace a uno difícil diferenciar lo que pasó en la historia real y lo que el invento para darle más interés a la historia. Ya tengo el primer libro del segundo volumen en casa, y espero leerlo antes de olvidarme de muchos detalles de estos tres primeros. Por qué con Stephenson una cosa queda clara, lo que un momento puede parecerte como un acontecimiento trivial que el autor pone para rellenar la historia, 1000 páginas más adelante puede tener una repercusión importantísima en la historia.
De la contraportada
En esta tercera parte de Azogue, los avatares de la vida ponen en contato a Daniel Waterhouse, Bob Shaftoe y Eliza (la joven de la isla Qwghlm), los atepasados de los protagonistas de Criptonomicón.
Mientras Newton elabora sus Principia y Daniel descubre que tiene piedras en el riñón (enfermedad generalmente mortal en esa época…), Eliza envía cartas cifradas con un sistema binario basado en el I Ching que parece haber sugerido el mismísimo Leibniz. La ciencia, junto a la criptografía y los criptógrafos, vuelve a ser un elemento esencial de una narración que augura grandes novedades y mantiene sus promesas. Y todo ello sin olvidar las aventuras, el espionaje y la compleja política europea de finales del siglo XVII.
Tras el indiscutible tour de force que representó Criptonomicón, Stephenson se atreve a novelar cómo pudo ser el nacimiento del mundo moderno, la creación de la ciencia y el paso de la alquimia al empirismoy al racionalismo. Y lo hace con la msma facilidad y amenidad que sorprendieron a todos en Criptonomicón, con esa mezcla abigarrada de historia, aventura, ciencia, hechos verdaderos e invenciones, y enfrentando la locura al racionalismo, la alquimia al empirismo y sin olvidar, por si alquien pudiera echarlos de menos, hacer intervenir a los espías y a los mismísimos piratas.
Odilisca es el tercer libro del primer volumen de los tres que han de formar el llamado Ciclo Barroco. Con esta tercera parte concluye Azogue, a la espera del siguiente título de la trilogía: La Confusión.
Premio ARTHUR C. CLARKE 2004
“Si la investigación de Stephenson es un iceberg, entcones Criptonomicón permitió a los lectores ver sólo la punta. [...] Con el Ciclo Barroco, Stephenson lleva el iceberg a tierra seca, lo desmenuza a trocitos y lo hace desfilar ante nosotros, cristal a cristal”
Como todos los años mi madre hace Orellas por carnavales, uno de los postres típicos gallegos de esta época.
Por desgracia este año no las he podido disfrutar tanto como otros años. Mi sistema digestivo me ha jugado una mala pasada este fin de semana -incluyendo una noche del sábado a domingo con fiebre y sueños de lo más extraño, a parte de dolor de barriga,- y lo que menos me apetecía era llenarlo de una masa frita llena de azúcar. A ver si esta semana si que ya las puedo disfrutar tranquilamente.
-Si tú eres más buena que el pan, Bernarda -decía, indignado-. Esta gente que ve pecado en todas partes está enferma del alma y, si me apuras, de los intestinos. La condición básica del beato ibérico es el estreñimiento crónico.